lunes, 16 de diciembre de 2013

ABIERTO HASTA DESFALLECER.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales


Abierto hasta desfallecer

La guerra sobre los horarios comerciales ha comenzado. Cifras y competencias bailan y podemos perdernos en números de supuestos beneficios o pérdidas, pero estos números no pueden ser los únicos argumentos para tomar decisiones de este tipo; sumar dos y dos, restarle tres y decir que, como hay uno de beneficio algo es justo, es, en el mejor de los casos, ser corto de miras y valores. Todos podemos caer en este error y más con la situación actual, pero creo que es importante tener algunos factores en cuenta.
Habría que plantearse si realmente la apertura de los Centros Comerciales los domingos produciría tantos beneficios como algunos esperan y claman y también que, se produzcan o no esos beneficios, si valen la pena.
Muchos de los que defienden esta apertura se respaldan en el turismo de cruceros. No he viajado nunca en un crucero, pero creo que no me veo malgastando el breve tiempo que tengo en una parada para entrar a comprar a un supermercado de unos grandes almacenes o a una  franquicia que tengo también en mi país de residencia. Ni siquiera cuando voy de turismo se me ocurre entrar a comprar un recuerdo de mi estancia en un Carrefour; tampoco he visto nunca visitas guiadas al Corte Inglés, ni grupos de turistas, cámara en mano, paseando por un Hiperdino. No digo que alguno no entre a comprar una botella de agua o un helado para seguir el paseo, pero no veo grandes beneficios económicos en eso.
Así que muchos beneficios no podrán dar, suponiendo, claro, que todo se haga cumpliendo las normas, pagando esas horas a los empleados y también los costes de mantener el negocio abierto un día más. Los pequeños comercios no podrán aguantar el tirón y al final, en el mejor de los casos, las grandes superficies abrirán siete días a la semana y las pequeñas, seis.
Claro que hay que dar un buen servicio al turismo y favorecer el comercio, pero existen otras formas más justas y creo que, a larga también más efectivas para ello. Dotemos a los puntos turísticos de zonas para la venta de artesanía, de mercados y permitamos abrir a los pequeños comercios, que son los que ya parten de una situación de desventaja, para con eso, repartir más el trabajo y los beneficios.
Para un gran comercio, unos cientos de euros al mes de beneficio por abrir el fin de semana no significan nada, salvo hundir, conscientemente o no, a los pequeños comercios vecinos. Sin embargo, esos cientos de euros a los pequeños comercios pueden salvarles las cuentas. Alguno dirá que es mucho más dinero, pero hay que considerar los costes de abrir otro día más y habrá que ver cuál es el reparto entre los diferentes comercios. Otros dirán que no sólo los turistas comprarán los domingos, apostando por un moderno milagro de los panes y los peces, pero lamento informarles de que el comercio baja porque hay muchos desempleados y a muchos otros no nos sobra el sueldo... Así que, por mucho que me pongas más días para gastar no podré gastar lo que no tengo. Para la mayoría de la población, como si abren las veinticuatro horas del día, ya nos cuesta llegar a fin de mes ahora y no vamos a gastar más. No conozco a nadie que se dedique todos los días a comprar y me diga “compraría aún más, pero es que los comerciantes me cierran”.  Simplemente,  compraremos lo mismo, pero lo repartimos en más días.
Es probable incluso que si se aprueba esta apertura dominical algún gran comercio diga “ahora, con este horario ganamos equis por ciento más” pero habría que preguntarse cuántos pequeños comercios han cerrado, o que diga “los domingo vendemos mucho” pero seguramente serán las mismas ventas repartidas en más días.
Tal vez los que piden abrir esos domingos piensan que sería en compensación de que los trabajadores pudieran descansar otro día. Bueno, pues hay tres pegas a este argumento: primero, quien haya trabajado en comercio ya sabrá que en la mayoría de los casos, esta apertura dominical se traducirá en estrambóticos horarios y excesos de jornada y rara vez en mayores contrataciones. Además en los extraños y pocos casos en los que así sea, sólo se lo podrán permitir las grandes empresas mientras que los pequeños comercios perderán más capacidad de competitividad. Los grandes harán malabarismos en los horarios con el mismo personal y los pequeños no podrán cubrir ese día. Para finalizar, que el domingo sea festivo para el mayor número de trabajadores posibles es un gran factor social, el de muchos padres y madres  que pueden ver a sus hijos e hijas y disfrutar con ellos más que en un día de colegio.
Supongo que los defensores de estas aperturas sin control tendrán la misma buena fe que los que justificaban la desregulación de los mercados por el bien de la economía. Realmente, aunque me equivoque y produzca algún beneficio, ¿vale la pena todo esto solamente porque algunos tengamos la comodidad de comprar un domingo o por unos turistas, que a pesar de lo que piensen algunos, no son tontos?
Supone abrir una puerta peligrosa y difícil de cerrar. Los derechos laborales son muy difíciles de conseguir y muy fáciles de perder, y cada paso, cada pequeño derecho que perdemos nos acerca más a convertir a las personas en mercancía barata. Abrir los domingos no será el apocalipsis, pero es un granito más de arena en una avalancha de medidas que desregulan y liberalizan el mercado laboral y que, de paso, perjudican a las pequeñas y medianas empresas.
¿Todo vale con tal de facturar? ¿Y si fuera rentable acabar con toda la flora de  nuestros campos para crear empleo, valdría la pena? Es decir, si una norma da beneficios a corto plazo pero perjudica a largo plazo, ¿nos merece la pena?. Si esta apertura trae beneficios también traerá pérdida de derechos laborales y el debilitamiento de las pymes, ¿tan baratos son nuestros  derechos? ¿tan poco pintan las pymes en nuestra economía?

En definitiva, no creo que se vaya a vender mucho más por abrir un domingo ante unos consumidores con unas rentas disponibles ya exprimidas. No creo que se vaya a crear empleo. Creo que perjudicará a los pequeños comercios y a los trabajadores y trabajadoras. Creo que no beneficiará al turismo, creo que sólo beneficiará a los grandes comercios, que podrán agotar a sus pequeños competidores vecinos en una guerra de desgaste y que sentará un peligroso precedente. El turismo es importante, sí, pero también es importante tomárselo en serio y también son importantes las pymes y también lo son los trabajadores y trabajadoras. Si queremos dar una solución más sensata, a más largo plazo y más justa, apoyemos a artesanos y pequeños comerciantes para que sean ellos los que brinden a ese turismo o a ese mercado dominical una oferta diferente. Eso sí creará más empleo, fortalecerá al pequeño comercio y ofrecerá a nuestro turismo un producto diferenciado y de calidad.
VEGUEROS.-