lunes, 28 de abril de 2014

EUROPA, A UN VOTO DE DISTANCIA.-

Esther Hernández Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales
 EUROPA, A UN VOTO DE DISTANCIA
Nos parece que queda lejos Europa, pero, hoy día, los kilómetros tienen menos importancia que otros factores. Puede parecernos que llegar a influir en ella es difícil, pero, lo que se decida allí sí que nos va a afectar, acudamos o no a la próxima cita electoral.
Gran parte de los factores que rigen nuestra vida diaria están legislados o marcados por lo que se decide en ella. Incluso lo que se legisla a nivel nacional se mueve en el marco de las políticas europeas, y de ello hemos tenido innumerables ejemplos a lo largo de esta crisis. Aún así, estamos cerca de unas elecciones europeas y muchas personas parecen no tener interés por ejercer su derecho al voto el próximo 25 de mayo. Es comprensible que la Europa que tenemos ahora mismo no nos guste. En su proceso de construcción se ha priorizado una unión empresarial y de mercado antes que una unión social, real y justa. Sobre eso se podría hablar mucho y seguramente, todo con razón, pero la realidad es que la actual Unión Europea está ahí y cambiarla no pasa por ignorarla, porque ella no nos va a ignorar a nosotros. ¿Alguien cree realmente que por no acudir a votar, Europa va a mejorar? ¿Si sólo votara el 10% se solucionaría algo? Hay grandes defensores de esa opción, pero sinceramente pienso que creer eso es una gran ingenuidad y una democracia no se puede permitir una ciudadanía que ande creyendo en milagros. Que dos millones o tres de votantes se queden en su casa, no cambiará nada de lo que está pasando, pero sí pueden suponer un gran cambio, en un sentido o en otro, si votan a algún partido, al que menos les disguste.
El ascenso de la extrema derecha en Europa es claro ejemplo de cómo una población que puede ser mínima con respecto al total de la población europea, se puede convertir en influyente, cuando se mide en términos electorales, contando con un voto fiel, sumado a la inestimable ayuda, para ellos, de la baja participación del resto. Que ese tipo de ideología ocupe el lugar que actualmente ocupa, es tan culpa de los partidos políticos, que no llegan al electorado con sus mensajes, como de los extremistas que utilizan argumentos demagogos, como también, sin ninguna duda, es culpa de los muchos votantes que se quedan en casa y no se pronuncian en ningún sentido. Su postura de brazos caídos ayuda a que los extremistas levanten los suyos sin mayor oposición.
Tal vez alguno/a considere que un solo voto no va a cambiar nada y que no vale la pena ir a votar por cualquier partido, pero lo seguro es que vale más que un voto que se quede en casa. Puede que un voto valga uno entre millones, pero un voto que se queda en casa vale cero. Más allá de debates sobre el sistema o el funcionamiento de Europa, lo que es evidente es que quedarse en casa es la peor opción. Ir a votar no es sólo perder unos minutos para poder opinar, es demostrar que no nos da igual lo que se decida en Europa;  también significa que nos importa lo que se hace con nuestro dinero, con nuestros derechos, con nuestras vidas. En ese pequeño gesto, demostramos que queremos que quienes marquen las directrices seamos nosotros/as mismos/as y no las idas y venidas del mercado. Ese es el primer paso para luego exigir que ese sistema se ajuste y sea digno de nuestro mayor interés y participación.
Parece que el interés participativo es inversamente proporcional al número de votantes y puede ser lógico, porque nos da la sensación de que nuestra opinión influye menos en lo más lejano, pero lo cierto es que a mayor número de votantes más se decide en unas elecciones. Las políticas económicas, laborales, sociales, en un mundo de economía global se quedan pequeñas en ámbitos nacionales. Sí que nos preocupa mucho el proyecto de empleo de nuestro ayuntamiento, pero seamos conscientes de que, en muchas ocasiones, su presupuesto o su funcionamiento pueden venir pautados desde Europa, por lo que no basta votar al mejor alcalde que podamos, también debemos recordar que nuestro voto europeo puede marcar parte de su gestión. Europa esta tan cerca y tan lejos como un voto.
No, no se confundan, no estoy llamando al voto útil; estoy llamando al voto efectivo. El que se deposita en la urna,  ése que significa un posicionamiento ante una realidad que, aunque la  queramos ignorar o que nos disguste, se va a decidir con o sin nosotros. Yo, prefiero que sea conmigo y con mi opinión. ¿Y tú?
VEGUEROS S.M.

viernes, 25 de abril de 2014

UN MUNDO DIVERSO, LLENO DE DIVERSIDAD.-

 
Ayoze Rodríguez Rodríguez
Miembro del Colectivo Voces Transversales

 UN MUNDO DIVERSO, LLENO DE DIVERSIDAD

No soy nadie especial, no he hecho cosas por las que deba de ser recordado y sin duda, pronto mi nombre quedará en el olvido o sólo en el recuerdo de aquellos que me han rodeado. Parte de las palabras anteriores son mías, tampoco soy un hombre de grandes frases de la historia, no soy fan de vanagloriar a nadie y mucho menos sigo alguna doctrina, simplemente soy lo que pueden ver en mí, alguien cuyas cualidades me hacen ser un individuo único y diferente, como cualquier otra persona. Un hombre corriente dentro de un mundo de diversidad.
Sepan ustedes, queridos lectores, que para quien escribe estas palabras, resulta muy complicado y difícil intentar plasmar en unas pocas líneas el significado real de una palabra que abarca tanto espacio como la que pongo en cuestión , y que, muy probablemente, me dejaré muchas razones en el tintero, por lo que de antemano les pido disculpas.
Miro a mí alrededor y veo a un hombre que hace ejercicio; una señora camina por la avenida de la mano de otra; un vendedor de la ONCE en su silla, sentado delante de un establecimiento comercial asiático; un niño juega en un parque y un grupo de mayores dialogan sentados en la plaza. Sigo observando atento, y veo a un señor que pide limosna en la puerta de una sucursal bancaria; un panadero haciendo su reparto diario; una abogada en la puerta del juzgado o un trajeado conduciendo un vehículo de alta gama. 
También ví parlamentarios de izquierdas, de derechas, de centro, o algo así; ciudadanos de Francia, de Italia, de Alemania, de Reino Unido… españoles de Cataluña, de Galicia, de Andalucía, del País Vasco, de Canarias….
Todos ellos y ellas son Diversidad. Diferentes personas dentro del mismo mundo. Personas pudientes y personas que no tienen nada; personas que han vivido y niños que recién comienzan a caminar; personas de las que se puede aprender mucho y de las que no se puede aprender nada.
La Diversidad es Humanidad, es conciencia, es progreso, es consideración, es un niño pequeño que juega con otro con el único objetivo de sonreír y divertirse, sin ningún estereotipo que les divida, es cultura y sociedad. Pero incluso lo que el significado de la palabra diversidad puede ser para mí, muy probablemente no lo sea para usted y eso sin duda también es diversidad.

No nos engañemos, la diversidad también puede ser sinónimo de desigualdad, de racismo, de xenofobia, e incluso el inicio de una guerra si hacemos referencia a la religión.


Es deber de todos y todas, desde los que gobiernan hasta el último ciudadano, trabajar y luchar para que esta palabra sea equivalente a integración, a respeto, a inclusión. Aceptar la condición humana, sea cual sea, reducir las diferencias sociales y ayudar a tener una vida más fácil a aquellos/as que lo necesitan ha de ser el objetivo de una sociedad moderna, justa, accesible y con un patrimonio comprometido y rico en diversidad.
VEGUEROS S.M.

martes, 15 de abril de 2014

SOBRE CATALUÑA.-

SOBRE CATALUÑA
Roberto Suárez
Miembro del Colectivo Voces Trasnversales
Se nos olvida un asunto en todo esto y es tan sencillo como el no preguntarnos si lo que se pide desde Cataluña ya no es el ser independientes o no, sino que si lo que piden es  que les dejen votar sobre qué quieren ser o dejar de ser. Aquí puede haber intenciones secesionistas ocultas, pero una cosa está clara y es que los catalanes quieren votar; quieren que les pregunten. Entonces soy yo el que se pregunta, ¿por qué hay gente que no lo quiere entender?
Quien no lo entienda no es más tonto o menos listo. Quien no lo entienda no lo entiende y punto (o seguido, si quiere entenderlo) ,pero hay quién se esmera en que la opinión pública no vea que lo que se pide es un voto, el expresar una opinión en una consulta que no es vinculante legislativamente y que por encima de todo, es un ejercicio democrático.
Es grande la preocupación de quien escribe por cómo se está llevando todo este asunto. Se han llegado a escuchar barbaridades desde ambos lados del Ebro y el Noguera en referencia a las intenciones de unos y otros, desde que España está robando de manera predeterminada a los catalanes hasta que en Cataluña se adoctrina para odiar a los españoles. Se escuchan múltiples  mentiras intencionadas, aunque desde Madrid son noticia sólo algunas más sonadas.
Este sentimiento independentista no creo que sea sólo contra España o contra su raíces y costumbres. El sentimiento de rechazo al Estado está más dirigido a Madrid que a Extremadura, Castilla o Andalucía, o en conjunto, a todas y cada una de las Comunidades Autónomas que no hablan catalán. Lo español y centralista ha provocado rechazo en muchas Comunidades Autónomas que forman parte del Estado, pero hay algo que diferencia a Cataluña  de casi todas las autonomías. El fallo del tribunal constitucional sobre la eliminación de ciertos artículos del estatut, iguales a  muchos otros artículos de otros estatutos de autonomía, fue la lumbre que avivó las ascuas de un independentismo ya existente y desconocido en su esencia por muchos, que habían vivido muy bien sintiéndose catalanes y luego españoles. Aquello significó un insulto para muchos y una oportunidad para otros, aquellos que, pensando que un resultado electoral apabullante les daría la razón, amenazaron con una separación de España si la financiación no era mejor, o sea, CIU. Lo que no esperaban era que los partidos independentistas obtendrían mayoría, pero perdiendo votos ellos mismos.

La situación es la que es y podemos discutir si Cataluña debe o no se independiente, pero fuera de esto, no tenemos derecho a decirles que no pueden votar. Hace 40 años se pedía democracia y ahora que está consolidada parece que cuanto menos se grite o se opine diferente, mejor. Aunque sea en las urnas, máxima expresión de la democracia.
VEGUEROS S.M.

lunes, 14 de abril de 2014

LO QUE NOS ENSEÑARON LAS MAESTRAS.-

Por:Yurena Monserrat Cabrera
Miembro del colectivo Voces Transversales

Lo que nos enseñaron las maestras

Las Maestras de la República, un documental digno de toda alabanza y merecedor de los premios recibidos de reconocimiento nacional. Bien hecho, con elegancia, emotivo, humano y pedagógico.
Nos narra sobre todo la necesidad de un cambio en la sociedad y la ilusión con que ese cambio se materializaba poco a poco; del progreso y avance en derechos de la ciudadanía, la participación en la política de colectivos olvidados, la mejora de condiciones sociales, laborales y educativas, entre muchas otras. Todo ello en un contexto de importante crisis económica y conflictos políticos que no terminaron de asumir modificaciones de lo ya establecido y cómodamente sobrellevado hasta la fecha. Conflictos que en numerosas ocasiones obstaculizaron el progreso, culminando dichas interrupciones con una guerra civil, en la que finalmente venció la dictadura.
Las novedades no siempre son bienvenidas y lo nuevo a veces cuesta ser asumido, sobre todo desde los cómodos asientos del poder. Por ello, aquellas maestras nos enseñan a través de este largometraje documental, que a pesar de las represiones que suframos, de las dificultades encontradas, de las amenazas recibidas y de las piedras en el camino que algunas personas pongan para que tropecemos, no podemos rendirnos; siendo nuestro compromiso social para con la democracia, bajo los principios de libertad, igualdad y solidaridad. Seguir con nuestros propósitos porque creemos en ellos.
Han transcurrido ya más de 80 años desde que estos tiempos pasaron, y no salgo de mi asombro al comprobar que aún existen similitudes entre pasado y presente. Parece que no hayamos evolucionado proporcionalmente al tiempo transcurrido, y lo que es peor, que retrocedamos, tanto en políticas sociales como en derechos y en libertades, como ha ocurrido en los últimos tiempos.
Porque las maestras que hoy no están, empezaron a hacer escuchar sus voces y mejorar los derechos de la ciudadanía, no podemos acallar hoy las nuestras. Debiendo luchar por lo que creemos, independientemente al colectivo al que pertenezcamos. Si nos apasiona, debemos perseguir y defender nuestros ideales.
No podemos olvidar lo que nos enseñaron las maestras.
VEGUEROS S.M.

jueves, 3 de abril de 2014

GENERACIÓN ENCONTRADA.-

Jazmina Suárez
Miembro del Colectivo Voces Transversales

GENERACIÓN  ENCONTRADA

Nos bombardean con la idea de que somos la generación perdida, una legión de jóvenes sin un futuro claro, una legión que antes de salir a librar la batalla ya está sentenciada.
Somos el orgullo de nuestros padres y la vergüenza de Europa. No hemos sabido crecer con ella a pesar de que nuestra generación previa nos ha dado los útiles necesarios para ser grandes.  La idea de estar perdidos ante tanta desolación nos abruma. Cargamos el peso de la expectativa y nos duele tanto como el no fracaso. Y es que no podemos fracasar, ¿cómo íbamos a hacerlo sin ni tan siquiera oportunidades?
Somos la generación de las mentes grandes atrapadas en créditos que no se pueden pagar, carreras a las que no podemos acceder y Universidades donde lo que se cotiza son valores en bolsa y no jóvenes promesas.
Hemos aceptado la sobrecualificación y nos hemos resignado a ella, la desigualdad se ha convertido en nuestra amiga más cruel y el desempleo en una realidad que día tras día nos merma.
Nuestro sueño, aquel de acceder a una vivienda que ahora tasa a precios inasequibles. Los banqueros se han convertido en nuestros verdugos más crueles.
Abandonamos a nuestras familias y amigos para salir fuera, con la esperanza de encontrar allí las oportunidades que no hayamos aquí. Con la esperanza de que fuera hallemos a alguien que confíe en nosotros, en lo que somos capaces de hacer.
Una generación destinada a no poder acceder a la formación que quisiéramos por el entramado burocrático que nos han impuesto.
Canarios y canarias que tienen que abandonar sus islas, que ven como las colas del paro doblan esquinas y como los días diez de cada mes se han convertido en salvación y martirio para muchos de sus familiares.
Cientos y miles de nosotros que ven día tras día como el dinero se destina a fines ininteligibles, y nos sentimos insultados por dirigentes que no nos representan.
Protagonizamos  todo aquello que durante años se ha hecho mal pero que nos vendieron como  un gran ideal de futuro previo pago.
Luchamos cada vez que salimos a la calle con las miles de barreras que nos encontramos sin entender porqué no hay mayor versatilidad.
Y sin embargo, nos hemos encontrado. Somos capaces  de pensar críticamente, preparados para enfrentarnos al porvenir con esperanza.
Esos que han sido capaces de organizarse y detener plazas, de emerger de entre tanta calaña burguesa y hacerse oír, de hacer que ciegos vean.
Nos interesa la política y tenemos conciencia social, atrás hemos dejado la insensibilidad aprendida de generaciones previas.
Hemos encontrado entre nosotros un salvoconducto al que aferrarse  y el miedo a nuestros verdugos comienza a disiparse.
Somos la generación que muy a pesar de algunos ha encontrado la forma de alzar su voz y de romper fronteras sin  violencia; la que ha encontrado, a pesar de estar perdida, una vía para unirse y plantear un cambio. Somos la generación encontrada. 
VEGUEROS S.M.

miércoles, 2 de abril de 2014

CAPACIDAD, LEALTAD, CERCANÍA E ILUSIÓN.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales
 Capacidad, lealtad, cercanía e ilusión

Cuando empiezan a aproximarse unas elecciones una de las dudas que nos surge es si votamos a personas o partidos, si el candidato es clave o si lo importante son las siglas, pero, seguramente el grado de importancia de cada factor cada uno lo valora según lo que le interese en ese momento y se olvidan otros factores importantes como el programa, lo que busca la ciudadanía en una situación concreta o el tipo de candidato que necesita esa situación. Por eso hoy decido rescatar y actualizar un artículo que, a pesar de los años, puede exponer algunas reflexiones sobre qué puede necesitar un candidato/a ideal.
Antes que nada, tener en cuenta que las siglas sí importan, el programa importa, la situación de la sociedad y lo que necesita o busca son fundamentales. La verdadera labor del candidato/a es poner cara, darle credibilidad a esa propuesta y a la posibilidad de llevarla a cabo. Por eso el candidato no es el factor más importante pero sí vital. Es parte de la garantía al votante. Puede existir un gran programa de un partido que haya hecho un gran trabajo, que si el candidato/a no es capaz de transmitir a la ciudadanía que será capaz de cumplirlo o de sacarlo adelante, el resto será trabajo perdido. En definitiva, quizá un buen candidato no gana elecciones, pero uno malo las pierde, uno excelente suma, uno normal resta. Pero ¿Cuáles deberían ser los valores que ha de tener ese candidato/a ideal? Al menos yo, lo tengo claro: capacidad, lealtad, cercanía e ilusión.
Capacidad, pero no entendida como una titulación o formación, ni siquiera, como conocimiento en la materia. No soy un tecnócrata. Me refiero a la capacidad de formar y guiar un equipo; capacidad para buscar, elegir y motivar a los mejores técnicos y personas; capacidad para ser flexible, resolutivo/a… En definitiva, capacidad para liderar un área y para conectar con los ciudadanos. Además esta capacidad debe estar empapada del menos frecuente de los sentidos, el sentido común y también de coherencia.
Lealtad. Lealtad a los valores por los que se guía, hacia los valores que representa; que su compromiso o palabra sea de fiar. De nada sirve alcanzar un cargo público si al llegar traicionas los valores y principios que representas. Esa lealtad debe extenderse hacia el grupo de gobierno o de oposición donde participa, porque forma parte de un equipo y hacia el partido que lo eligió para representarle, porque fue el trabajo del partido, y sobre todo de sus bases, lo que posibilitó que tuviera esa responsabilidad. El cargo público no organizó los actos, no pegó todos los carteles, no convenció él solo a vecinos y amigos, sino que fue puesto allí por una sinergia de fuerzas e ideas a las que les debe al menos lealtad, que no significa seguidismo o falta de espíritu crítico.
Cercanía con aquellos a quienes gobierna y con los que trabajaron para que dispusiera de esta responsabilidad. Los elitismos y soberbias deberían ser, en sí mismos, defectos que no permitieran a un individuo ni tan siquiera plantearse la opción de optar a un cargo público. Es cierto que mucha gente llega a la política por el simple hecho de creer que saben o pueden hacerlo mejor que nadie y esos son fáciles de detectar, pero también es cierto que otros se endiosan al tomar consciencia del poder. Para evitar esa desviación, la ciudadanía y especialmente los y las militantes de partidos políticos debemos estar atentos. De la misma manera el cargo político debe ser capaz de, con esa cercanía, transmitir su gestión y sus valores, cosa que resulta más sencilla si se tiene esa cualidad.
Ilusión. ¿Cuántas veces vemos a personas llenas de cualidades gestionando un cargo público con actitud repetitiva y cobarde, sin la verdadera alegría de poder mejorar las cosas o de saber que al menos puede intentarlo?
Estos valores son fáciles de ver y fáciles de percibir y todos debemos buscarlos en nuestros cargos públicos. Si no los tienen, al menos en cierta medida, no deberían valernos, o si a pesar de tenerlos, un día los pierden, es el momento de agradecerles el trabajo realizado y dar paso a otras personas.
Y aún quizás me falta nombra la cualidad más importante, pero esa condición la doy por sentado en cualquier persona que entra en un partido político. Es ser buena persona, porque la única razón para que alguien entre en política debería ser porque cree que debe haber un mundo mejor y quiere mejorarlo para todos. Suena utópico, lo sé, pero es lo que debemos buscar, a lo que debemos aspirar.
Lo importante son las ideas, pero los seres humanos necesitamos alguien que las avale. Alguien que represente y transmita que esas ideas se van a cumplir y podrán realizarse. El debate del nombre no es simplemente una cuestión de caras, es también una parte importante. Representa la garantía de compromiso entre las ideas que se prometen y las ideas que se cumplen. Un candidato/a sin todas estas características (y algunas más) pierde credibilidad y sin credibilidad todo lo demás es papel mojado.
VEGUEROS S.M.