martes, 15 de abril de 2014

SOBRE CATALUÑA.-

SOBRE CATALUÑA
Roberto Suárez
Miembro del Colectivo Voces Trasnversales
Se nos olvida un asunto en todo esto y es tan sencillo como el no preguntarnos si lo que se pide desde Cataluña ya no es el ser independientes o no, sino que si lo que piden es  que les dejen votar sobre qué quieren ser o dejar de ser. Aquí puede haber intenciones secesionistas ocultas, pero una cosa está clara y es que los catalanes quieren votar; quieren que les pregunten. Entonces soy yo el que se pregunta, ¿por qué hay gente que no lo quiere entender?
Quien no lo entienda no es más tonto o menos listo. Quien no lo entienda no lo entiende y punto (o seguido, si quiere entenderlo) ,pero hay quién se esmera en que la opinión pública no vea que lo que se pide es un voto, el expresar una opinión en una consulta que no es vinculante legislativamente y que por encima de todo, es un ejercicio democrático.
Es grande la preocupación de quien escribe por cómo se está llevando todo este asunto. Se han llegado a escuchar barbaridades desde ambos lados del Ebro y el Noguera en referencia a las intenciones de unos y otros, desde que España está robando de manera predeterminada a los catalanes hasta que en Cataluña se adoctrina para odiar a los españoles. Se escuchan múltiples  mentiras intencionadas, aunque desde Madrid son noticia sólo algunas más sonadas.
Este sentimiento independentista no creo que sea sólo contra España o contra su raíces y costumbres. El sentimiento de rechazo al Estado está más dirigido a Madrid que a Extremadura, Castilla o Andalucía, o en conjunto, a todas y cada una de las Comunidades Autónomas que no hablan catalán. Lo español y centralista ha provocado rechazo en muchas Comunidades Autónomas que forman parte del Estado, pero hay algo que diferencia a Cataluña  de casi todas las autonomías. El fallo del tribunal constitucional sobre la eliminación de ciertos artículos del estatut, iguales a  muchos otros artículos de otros estatutos de autonomía, fue la lumbre que avivó las ascuas de un independentismo ya existente y desconocido en su esencia por muchos, que habían vivido muy bien sintiéndose catalanes y luego españoles. Aquello significó un insulto para muchos y una oportunidad para otros, aquellos que, pensando que un resultado electoral apabullante les daría la razón, amenazaron con una separación de España si la financiación no era mejor, o sea, CIU. Lo que no esperaban era que los partidos independentistas obtendrían mayoría, pero perdiendo votos ellos mismos.

La situación es la que es y podemos discutir si Cataluña debe o no se independiente, pero fuera de esto, no tenemos derecho a decirles que no pueden votar. Hace 40 años se pedía democracia y ahora que está consolidada parece que cuanto menos se grite o se opine diferente, mejor. Aunque sea en las urnas, máxima expresión de la democracia.
VEGUEROS S.M.