sábado, 31 de mayo de 2014

Y GANÓ LA ABSTENCIÓN.-

Agoney Suárez Martín
Miembro del Colectivo Voces Transversales
Y GANÓ LA ABSTENCIÓN
Ahora todo el mundo anda haciendo balances sobre las elecciones europeas. No me sorprende, o al menos no del todo, que el PP siga saliendo ganador. Al fin y al cabo la derecha siempre ha votado en bloque, aunque presenten a un chihuahua a las elecciones. La izquierda, en cambio, dividida como siempre y más que nunca: PSOE 14, IU 6 y Podemos 5.... Si esos 25 escaños fueran capaces de aunar fuerzas, otra izquierda cantaría. Pero lo realmente preocupante es el avance de la ultraderecha por Europa. 
Si buscamos una lectura positiva de los datos electorales del pasado domingo, se puede valorar el aumento de la representación de los partidos minoritarios. Pero hay que ser realistas, esto también tiene un lado malo, y es que el voto que se esta dividiendo es el de izquierdas. Así que, ¿los progresistas nos estamos reforzando o debilitando?
Otra cosa que siempre me llama poderosamente la atención son las abstenciones. En Canarias el porcentaje de abstención rondó el 60%. Si toda esa gente que no ha votado lo hubiese hecho a un mismo partido, le habrían dado una victoria histórica. No hablamos de que haya habido un gran aumento de la abstención, hablamos de que es una cifra habitual en los comicios europeos. Hablamos de que la gran mayoría de la gente se refugia en el consabido “para qué votar, si no sirve para nada”, y lo hacen por vagancia, por miedo a equivocarse, por desinterés o por desconocimiento…. A toda esa gente le diría que hay que ir más allá de quejarse y esperar a que otros te solucionen la papeleta. Bastaría con invertir algo de tiempo en informarse un poco y luego votar en consecuencia; todo sería muy diferente. Al menos no sería la minoría de España la que decidiera por la mayoría.
Por otra parte, dentro del 40% que acudió a las urnas, habría que ver cuantos son participantes activos de los partidos, interesados directos, y familiares. No he hecho números, pero podríamos estar hablando de que, quizás solo el 30% esté manifestando una opción meditada, basada en ideales y libre de marcas. Para que todo el mundo se haga una idea, pondré un ejemplo que puedan entender rápidamente. Imagínense que en un partido de fútbol sólo luchan cuatro de los once jugadores. ¡Vaya!, el resto no serían muy profesionales, ¿verdad? Pues aún así, a esos cuatro tendríamos  que restarles al portero. Sería un partido perdido de antemano. Si tú no juegas, otros lo harán en tu lugar, pero persiguiendo sus propios intereses y no los tuyos. Exactamente igual que en política, donde si tú no opinas, otros lo harán y tendrás que acatar lo que hayan decidido.
Entiendo que no a todo el mundo le guste estar pendiente de la política,  como no a todo el mundo le gusta el fútbol, pero ya que tenemos que jugar, vale, no te dejes la piel, pero mueve un poco al menos. Vota. Sólo eso.
No les hablo de que voten a uno u otro partido, sólo de que se informen; de que no voten a una cara sino a unas ideas y de que inviertan unos minutos en ir a votar. Sólo con que la mitad de las abstenciones descubrieran su brújula política y votara, realmente podría cambiar todo. Entonces y sólo entonces, comprobarán que sí sirve para algo.
VEGUEROS S.M.

viernes, 23 de mayo de 2014

EL PELIGRO DE LA ABSTENCIÓN.-

Mario Regidor
Miembro del Colectivo Voces Transversales
 EL PELIGRO DE LA ABSTENCIÓN
Nos acercamos a la recta final de las elecciones europeas y no parece que el entusiasmo prolifere entre los/as ciudadanos/as, más bien todo lo contrario. Reconozco que dicha perspectiva me preocupa.
Este fin de semana se han hecho públicas varias encuestas y sondeos en los medios de comunicación y, dejando de lado la diferencia de puntos, más o menos favorable al Partido Popular, en función de la línea editorial dominante en dicho medio, sí muestran una coincidencia atroz: la participación va a batir un record en nuestro país desde la llegada de la democracia, situándose por debajo del 43%.
Es notorio que las elecciones europeas siempre han gozado de escaso predicamento a la hora de llamar a las urnas al pueblo español. Y no debería ser así ya que, gracias a muchas partidas económicas, fondos estructurales, de cohesión y regionales y, en el caso de Canarias, gracias al reconocimiento de nuestro archipiélago como Región Ultra Periférica (RUP), nos ha “llovido” gran cantidad de dinero que ha contribuido al desarrollo económico y productivo de Canarias. También es cierto que, una parte se ha malgastado pero, aunque sea un asunto del cual podríamos hablar en un futuro artículo, no cabe duda de que, si se ha hecho un mal uso o un abuso de dichos fondos en ciertos momentos, es causa imputable, única y estrictamente a nuestros gobernantes regionales, pero no a la Unión Europea.
Soy consciente de que la desafección hacia los partidos mayoritarios está muy presente en el sentimiento y la conciencia del votante y doy por seguro que, en el caso de que vayan a votar el 25 de mayo, muchos optarán por partidos minoritarios que, si bien en otra tipología de elecciones como las autonómicas o regionales no obtendrían representación, sí tienen posibilidades en unas elecciones europeas en donde no hay barreras de entrada y donde España forma circunscripción única.
No culpo a los votantes; es posible que los partidos mayoritarios se lo merezcan, pero no es menos cierto que a medida que la abstención aumenta, disminuye la fortaleza de la democracia de un país. Y precisamente es eso y no otra cosa lo que persigue la derecha. La abstención les favorece. En países donde gobierna, como España, puede considerarse hasta un refrendo a la política de recortes de derechos sociales que vienen realizando. Y reitero, ese sentimiento es peligroso, ya que si la propia ciudadanía reniega de su condición de vigilante del partido político en el gobierno, ¿qué legitimidad podrá tener en un futuro para pedirles cuentas? Es posible que sea necesario articular nuevas formas de participación en la vida política, logra una democracia más participativa, a la par que representativa, pero la solución no es bajar los brazos y rendirse cuando tienes la oportunidad de expresar tus preferencias. Si estás disconforme con lo que viene pasando en Europa y en España, VOTA. No te quedes en casa. De lo contrario le das argumentos a la derecha para que siga haciendo la misma política de recortes que viene desarrollando, porque como dice el refrán, en este caso “el que calla, otorga”.
¿Y qué será de nosotros cuando eso suceda? Ahora tenemos una oportunidad real para que, por primera vez desde hace casi 20 años, la izquierda vuelva a tener mayoría en el Parlamento Europeo. No puedes quedarte en casa. La próxima vez que vuelvas a tener esta oportunidad será dentro de 5 años y, es posible que si vuelve a ganar la derecha, ya no quede nada por lo que luchar.
VEGUEROS S.M.



miércoles, 7 de mayo de 2014

¿¡QUIERO SER EUROPEO!?.-

Enrique Vega Santana
Miembro del Colectivo Voces Transversales.


¿¡QUIERO SER EUROPEO!?
  
Y digo bien. No se trata de una jugarreta del corrector ortográfico, ni soy una víctima de las sucesivas e interminables reformas educativas. Quiero ser europeo, pregunto y afirmo, porque el día 25 de mayo se elige mucho más que a los trajeados que vemos sentados en confortables sillones a la hora del telediario. Se elige hacia dónde queremos ir y cómo queremos hacerlo.
No me vale esta ola de euroescepticismo que parece haberse puesto de moda ahora, que Europa ha dejado de ser esa abuela caritativa que nos regalaba pastas de chocolate en forma de fondos de cohesión, para convertirse en una especie de madrastra de la ficción que castiga, impasible, obligándonos  a tomar aceite de hígado de bacalao en indigestas dosis de recortes.
Hace 28 años elegimos, y hemos de ser consecuentes con esa elección. Dijimos alto y claro que éramos un animal demasiado pequeño como para cazar solo en la sabana de la globalización que se cernía, que debíamos unirnos a una manada si no queríamos ser las futuras presas, pero unirse a una manada trae consecuencias, y que nos dejaran comer buenos trozos de carne cuando éramos poco más que cachorros podía valer en época de abundancia, interesaba vernos crecer y que nuestros dientes y garras fuesen cada vez más afilados; a fin de cuentas, de ello se beneficiaba la jauría, pero si la comida escasea, el macho dominante es el primero que come, y éste, desde Berlín enseña los colmillos y ruge, fuerte e insaciable.
Pero no debemos abandonar la manada ni conformarnos con lamer los huesos del fruto de la cacería, tenemos que decidir en las urnas si queremos ser meros capataces de un sistema capitalista y neoliberal, cada vez más caduco, o si empezamos a sentar las bases de otra Europa, en la que la cohesión social no sea una mera declaración programática y se convierta en una realidad. No podemos limitarnos a criticar la receta perversa de los ajustes sin reconocer que tras 28 años hemos podido hacer mejor las cosas.
Así pues, nos jugamos mucho el 25 de mayo, está en juego el sentar las bases de un nuevo modelo más justo y solidario, que pueda evitar dentro de una treintena de años, que unos tengan que lamer los huesos y otros puedan enseñar los colmillos. Es por todo ello que me pregunto si quiero ser europeo y es por todo ello que afirmo que sí, quiero, pero de otro modelo de Europa.   
VEGUEROS S.M.

martes, 6 de mayo de 2014

CIUDADANÍA Y POLÍTICA, UN PASO A SU ACERCAMIENTO.-

Yurena Monserrat Cabrera
Miembro de la Asociación Voces Transversales


CIUDADANÍA Y POLÍTICA, UN PASO A SU ACERCAMIENTO

¿Acaso una gran parte de la ciudadanía no tiene razón al considerar la política como algo ajeno? ¿Acaso no es cierto que mujeres y hombres se sienten alienados de forma justificada, dados los constantes casos de abusos de poder que existen por parte de políticos?
En la radio, en televisión y entre unos y otras se escuchan, un día sí y otro también, casos de corrupción, prevaricación, tramas conjuntas con empresarios para el enriquecimiento propio con dinero de todos los contribuyentes, importando poco si se respeta la ley o no, porque, llegado el momento, se modifica sin mayor reparo una ley (o se ocultan los hechos en la gaveta más escondida del despacho). Se exculpa a narcotraficantes con una mal llamada ley de justicia universal, se imputa a jueces investigadores de corrupción, y, desgraciadamente, un largo etcétera de actos faltos de moral en sí.
Al tiempo recibimos recortes, una y otra vez, del estado de bienestar que nuestros abuelos nos legaron con sudor y sangre. Recortes hechos con tijeras antidemocráticas, perpetrados mediante leyes fabricadas a medida bajo el poder de la mayoría y sin el consenso requerido en democracia, justificados con argumentos de legitimación por el apoyo recibido en las urnas y en contra de las mareas que discurren por las calles de todo el país. Palpándose por todo ello, un profundo enfado, y lo que es peor, un gran desencanto de la población con la política.
Ante esta situación, ante este desencanto, ¿qué hacer? ¿Es solución decir “Todos los políticos son iguales” o  “Para qué votar si van a seguir robando, unos y otros”, o tal vez “¡Políticos! Esos no hacen nada”…, mientras nos quedamos sentados esperando que alguien cambie nuestra situación? No lo creo.
¿Es solución pensar que por el mero hecho de la mala gestión del actual gobierno del PP, otros partidos remontaremos en las urnas, mientras esperamos sentados las elecciones? ¿O acaso es solución ser la alternativa menos mala? Creo que no.
El desencanto devenido no es con la política en sí, sino con los políticos y sus decisiones. Con las fórmulas empleadas, cada vez más alejadas del pueblo. A la ciudadanía sí le interesa la política, porque la política es todo, desde los sistemas económicos financieros, pasando por la sanidad, a la cultura.
Y es por esto que debe existir un profundo cambio. Un cambio en los partidos, donde se decida de una vez por todas reparar las carencias actuales y apostar por las necesidades clamadas por el pueblo; donde se trabaje no por ser la alternativa menos mala, sino para ser la mejor alternativa,  una opción que nadie pueda rechazar, creíble y difundida.
Un cambio en la comunidad política, trabajando con transparencia y honestidad, invitando a la ciudadanía a la participación en la toma de decisiones como democracia a la que pertenecemos. Participación, no sólo cada cuatro años mediante la llamada participación representativa, sino a través de mecanismos dinámicos, diversos y flexibles, donde se pueda escuchar las variantes necesidades de la población que puedan llegar a producirse entre elecciones. Para ser político o política no basta con formación, capacidad de liderazgo, y rodearse de un buen equipo, también son necesarias cualidades como la honestidad, la honradez, la capacidad de consenso y de escucha.
Únicamente si se producen dichos cambios, se podrá conseguir modificar la conciencia de los ciudadanos y ciudadanas, y entonces querrán dar un paso hacia adelante, aportando ideas y propuestas, tanto a nivel individual como colectivo. Participando en asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, como derecho constitucional reconocido (art. 23 – CE).
La política debe proporcionar las herramientas para que se produzca ese acercamiento, dándonos unos a otros la oportunidad de dialogar, escucharnos, debatir y llegar a consensos en los que no se excluya a ningún colectivo. Sólo así, se podrá producir el acercamiento que añoramos, un acercamiento absolutamente necesario, donde trabajar para tod@s, luchar por la igualdad de oportunidades, por la solidaridad, por el bienestar, procurando el progreso del municipio, de la isla, de la comunidad o del país, no sea, como en estos últimos tiempos, algo lejano e inalcanzable. Y sólo entonces, las preguntas con las que  comenzaba  este artículo, tendrán respuestas diferentes.
VEGUEROS S.M.

sábado, 3 de mayo de 2014

LA PARED DE LADRILLOS.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales

LA PARED DE LADRILLOS

Parece que tener memoria no es bueno para la salud, aunque demostrar que la tienes es aún peor. Cada vez que se aproximan unas elecciones europeas se vuelve a oír el ya famoso  “es que la gente no sabe lo importante que es Europa” (y me incluyo entre los que lo dicen). Algunos nos empeñamos en intentar recordarlo siempre, pero también uno se pregunta cómo las instituciones no tratan de crear esa conciencia en todo momento y no sólo cuando llegan las elecciones. Y esa misma memoria te hace darte cuenta de cómo tropezamos una y otra vez con la misma pared y frustra  ver que en lugar de trabajar para superarla, algunos deciden negar cualquier error o responsabilidad y que encima si tratas de recordárselo, cualquier esfuerzo es inútil.
Es difícil no pensar que en política reinan los desmemoriados o que el día a día no deja ver objetivos a largo plazo. Negar la evidencia y las responsabilidades no funciona, al menos en los proyectos serios y de largo recorrido y Europa debería serlo.
Europa ha perdido la credibilidad ante la ciudadanía y ante eso cualquier medida, promesa o esperanza vale nada o menos que nada  y recuperar la credibilidad no es tan fácil como pedir el voto antes de las elecciones. Puede ser que algunos/as no recuerden lo que quieren, ni hagan propósito de enmienda, ni examen de conciencia, pero la ciudadanía sí que la hace y recuerdan que Europa, hasta ahora, los ha decepcionado.
Puede ser que España fuera en el pasado mayoritariamente europeísta pero años de decepciones, impresión de lejanía o la imagen de ser sólo un banco exigente con gran debilidad por la austeridad, pone en serio peligro esta situación. Y recuperar la confianza es siempre más difícil que lograrla por primera vez, es más duro, más costoso y más lento.
Entonces, la pregunta es ¿cómo lo solucionamos?. Pues como cualquier otro caso de desconfianza. Antes que nada, Europa, como institución, debe hacer un examen de conciencia y no uno para agradarse a sí misma, sino uno duro, analizando en qué ha fallado y qué culpas debe asumir. Luego, deberá hacer un propósito serio de cambio, porque, o define su naturaleza y su verdadero objetivo, o llegará un día en que esa confianza será irrecuperable. De todas formas, todo esto no servirá de nada si no se prepara, con todo lo anterior, un verdadero plan para devolver la confianza y encaminar Europa hacía donde los europeos y europeas queremos.
Pero, y ¿qué podemos hacer nosotros, la ciudadanía? Claramente, no rendirnos y recordar. Tener claro que Europa se debe hacer con nuestra opinión, no permitir que los que olvidan y recuerdan cuando quieren o se empeñan en hacer de Europa algo lejano y frío se salgan con la suya. Europa no puede ser sólo un consejo lleno de economistas que nos diga cuánto y cómo se debe gastar; debe ser un proyecto común de derechos y libertades, que vele por una justicia social para todos sus habitantes, que frene extremismos y que promueva el progreso.
Es evidente que es a la ciudadanía en general a quien se ha fallado y nunca al revés, por lo que deben ser las instituciones europeas y los partidos políticos quienes comiencen y carguen con la parte dura de ese trabajo. La credibilidad no va a volver sola, no se autogenera. Europa debe empezar dando señales inequívocas, pasos firmes y arriesgados. Tener claro que construir siempre es más lento que destruir, la confianza que se ha perdido en años no se recupera en el mismo tiempo, sino que requiere de una mayor paciencia.
Todavía somos muchos/as los que pensamos que Europa es un proyecto que puede llegar a ser algo más que una unión puntual de intereses económicos, que aún ese trabajo de recuperación de la fiabilidad es posible hasta llegar a la Europa que la mayoría deseamos.
Parece que aún para otros es preferible no reconocer que existe un problema y que se han cometidos errores; echar la culpa a la alineación de astros y mercados,  y , empeñados en los mismos argumentos de siempre, darse contra la misma pared de ladrillos, hasta romperse la cara o hasta derribarla, ambas cosas inútiles y donde todos tenemos mucho que perder.
VEGUEROS S.M.