sábado, 3 de mayo de 2014

LA PARED DE LADRILLOS.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales

LA PARED DE LADRILLOS

Parece que tener memoria no es bueno para la salud, aunque demostrar que la tienes es aún peor. Cada vez que se aproximan unas elecciones europeas se vuelve a oír el ya famoso  “es que la gente no sabe lo importante que es Europa” (y me incluyo entre los que lo dicen). Algunos nos empeñamos en intentar recordarlo siempre, pero también uno se pregunta cómo las instituciones no tratan de crear esa conciencia en todo momento y no sólo cuando llegan las elecciones. Y esa misma memoria te hace darte cuenta de cómo tropezamos una y otra vez con la misma pared y frustra  ver que en lugar de trabajar para superarla, algunos deciden negar cualquier error o responsabilidad y que encima si tratas de recordárselo, cualquier esfuerzo es inútil.
Es difícil no pensar que en política reinan los desmemoriados o que el día a día no deja ver objetivos a largo plazo. Negar la evidencia y las responsabilidades no funciona, al menos en los proyectos serios y de largo recorrido y Europa debería serlo.
Europa ha perdido la credibilidad ante la ciudadanía y ante eso cualquier medida, promesa o esperanza vale nada o menos que nada  y recuperar la credibilidad no es tan fácil como pedir el voto antes de las elecciones. Puede ser que algunos/as no recuerden lo que quieren, ni hagan propósito de enmienda, ni examen de conciencia, pero la ciudadanía sí que la hace y recuerdan que Europa, hasta ahora, los ha decepcionado.
Puede ser que España fuera en el pasado mayoritariamente europeísta pero años de decepciones, impresión de lejanía o la imagen de ser sólo un banco exigente con gran debilidad por la austeridad, pone en serio peligro esta situación. Y recuperar la confianza es siempre más difícil que lograrla por primera vez, es más duro, más costoso y más lento.
Entonces, la pregunta es ¿cómo lo solucionamos?. Pues como cualquier otro caso de desconfianza. Antes que nada, Europa, como institución, debe hacer un examen de conciencia y no uno para agradarse a sí misma, sino uno duro, analizando en qué ha fallado y qué culpas debe asumir. Luego, deberá hacer un propósito serio de cambio, porque, o define su naturaleza y su verdadero objetivo, o llegará un día en que esa confianza será irrecuperable. De todas formas, todo esto no servirá de nada si no se prepara, con todo lo anterior, un verdadero plan para devolver la confianza y encaminar Europa hacía donde los europeos y europeas queremos.
Pero, y ¿qué podemos hacer nosotros, la ciudadanía? Claramente, no rendirnos y recordar. Tener claro que Europa se debe hacer con nuestra opinión, no permitir que los que olvidan y recuerdan cuando quieren o se empeñan en hacer de Europa algo lejano y frío se salgan con la suya. Europa no puede ser sólo un consejo lleno de economistas que nos diga cuánto y cómo se debe gastar; debe ser un proyecto común de derechos y libertades, que vele por una justicia social para todos sus habitantes, que frene extremismos y que promueva el progreso.
Es evidente que es a la ciudadanía en general a quien se ha fallado y nunca al revés, por lo que deben ser las instituciones europeas y los partidos políticos quienes comiencen y carguen con la parte dura de ese trabajo. La credibilidad no va a volver sola, no se autogenera. Europa debe empezar dando señales inequívocas, pasos firmes y arriesgados. Tener claro que construir siempre es más lento que destruir, la confianza que se ha perdido en años no se recupera en el mismo tiempo, sino que requiere de una mayor paciencia.
Todavía somos muchos/as los que pensamos que Europa es un proyecto que puede llegar a ser algo más que una unión puntual de intereses económicos, que aún ese trabajo de recuperación de la fiabilidad es posible hasta llegar a la Europa que la mayoría deseamos.
Parece que aún para otros es preferible no reconocer que existe un problema y que se han cometidos errores; echar la culpa a la alineación de astros y mercados,  y , empeñados en los mismos argumentos de siempre, darse contra la misma pared de ladrillos, hasta romperse la cara o hasta derribarla, ambas cosas inútiles y donde todos tenemos mucho que perder.
VEGUEROS S.M.