lunes, 16 de junio de 2014

HORA DE PARLAMENTAR.-

Borja Gómez
Miembro del colectivo Voces Transversales


HORA DE PARLAMENTAR 

Las elecciones al parlamento europeo ya han pasado. Ahora sólo cabe valorar los resultados.
A primera vista debemos afrontar que estamos ante un cambio histórico a la hora de hacer política en toda Europa aunque desde algunos frentes se estén negando a admitirlos.
Si bien la Secretaria General del Partido Popular español se ha limitado a declarar que han ganado las elecciones, continuando en la concepción política, antigua y bipartidista, en la que España se vio obligada a vivir en tiempos de crisis (desde hace ya 40 años estamos viviendo una crisis, un cambio), los resultados electorales arrojan luz sobre la madurez del electorado que ninguna agrupación política debe pasar por alto.
Hasta ahora sólo se contemplaban las opciones progresista o conservadora, popular o socialista, representante de izquierda o de derecha. Era como una liga de fútbol donde sólo se supone que hay aficionados al Real Madrid o al FC Barcelona.
Ahora el pueblo ha hablado y ha demostrado dos cosas: la primera es el mal llamado voto de castigo al bipartidismo. No creo que sea un voto de castigo. En política se castiga votando a una opción claramente opuesta a la sancionada. Estamos hablando de un cambio en la concepción del voto que supone la búsqueda de un representante más afín a un ideal de gestión estatal. ¿No es eso el sentido de la política democrática? ¿No deberíamos apoyar la opción que más represente nuestra forma de concebir esa gestión, independientemente de lo histórico de sus siglas o líderes?
Por otro lado, tengo la triste impresión de que aunque existe una mitad de la sociedad madura y comprometida con el Estado, ésta está complementada por otra mitad que está desinformada, es ignorante de su poder o simplemente está descontenta con el propio sistema. Sigue siendo muy alto el índice de abstención en unas elecciones. Sigue siendo muy preocupante ver que el propio sistema no ayuda a ver la importancia del voto individual (han sido las primeras elecciones donde la propaganda oficial no llamaba a las urnas).
¿Y ahora, qué?
Pues ahora tenemos ante nosotros un Parlamento multicolor y con opiniones diversas, aunque aún debemos esperar a ver hacia dónde se decantan las alianzas y acuerdos para dotar de fluidez y estabilidad a Europa.
Por otro lado, todos los partidos políticos deben ver algo que lleva reclamando un sector de la sociedad desde hace algún tiempo: un partido político no se debe ni a sus líderes ni a su historia, sólo a sus ideas. Y queda claro que las ideas que le rondan no vienen de hace un siglo ni de hace cuarenta años. Aparecen en el día a día, interactuando con los electores, con los ciudadanos que les han cedido su voto.
Conscientemente he omitido hace tres párrafos la referencia a la voz individual del ciudadano. Podría haber dicho que no ayudaba a ver la importancia de la voz y el voto individual, pero es necesario que lo omita porque hasta ahora, en el “juego democrático”, no ha existido la voz individual. Las estructuras de los partidos políticos son poco resistentes a las voces individuales. Podemos decir resistentes o sustituir el calificativo por tolerantes, o receptivas, da igual el término que empleemos: la estructura interna del grupo no facilita la ascensión de líderes naturales, de voces discordantes, de cambios de rumbo, de disidentes entre las filas de una idea política. De modo que las líneas de pensamientos de los grupos políticos terminan divergiendo de las líneas de pensamiento de la sociedad.
La política del Siglo XXI requiere de un cambio interno importante en los propios partidos políticos ortodoxos que necesita una apertura a las voces internas y externas, una apertura a los intereses de la calle. Y por todo esto voy a ser sincero: todavía no se ha adoptado por parte de ningún partido la herramienta más adecuada para poder llevar esta voz hasta sus cabezas de lista. Aún no hemos encontrado un sistema más allá de votaciones primarias, congresos, comités, etc..., que hagan que los votantes estén representados. Un partido político se lo juega todo a una carta sin saber si esa elección es la mayoritaria.
¿Existe una solución?
Sí, estoy completamente seguro que existe una solución y por eso escribo estas líneas. La solución pasa por la reinvención de los partidos políticos (lo sé, esto no suena a nuevo). Debemos plantear que la política se origina desde el individuo. Que en las asociaciones de vecinos se hace política, que en la tienda de ultramarinos se hace política, que en la cola del paro se hace política. En todas y cada una de las actividades que mueven un estado se está haciendo política. Pero los gestores no tienen las herramientas para escuchar al Estado, a sus ciudadanos. Y lo que es peor, al intentar englobar todas las opiniones que suponen afines estamos haciendo un traje por tallas en lugar de un traje a medida. Yo, como elector, quiero apoyar a aquél sastre que me haga un traje a medida, no que me de un traje de talla al que luego le tenga que recortar mangas, subir el vuelto, o incluso estar disconforme porque me ha quedado corto.
Las herramientas de escucha deben estar basadas en la fe en la Democracia. En reconocer que el sistema electoral estaba viciado por la propia ceguera del electorado. Reconocer que los dirigentes políticos se creyeron que ése era el juego democrático y por eso nunca intentaron cambiarlo.
Es probable que ahora, tras las elecciones, volvamos a escuchar los mismos análisis de siempre, como han intentado mostrarnos los conservadores (haciendo honor a su adjetivo), pero yo quiero ver algo más allá: existe un cambio hacia la madurez del electorado. Un cambio que requiere que los partidos políticos sean valientes con sus propuestas. Que no se contemple que haya partidos o representaciones pequeñas. Que la voz de los ciudadanos comienza a ser escuchada, aunque sea solo en las urnas. Ahora toca que la voz de todos esos electores pase a todos esos elegidos y actúen en consecuencia.
Al igual que en la I Guerra Mundial empezó a cambiar el modo de concebir las batallas, dejando de lado a los grandes ejércitos confrontados en un mismo lugar y que se ha consumado en los conflictos armados del último medio siglo, hoy debemos plantearnos que la política ya no es una batalla entre dos ejércitos unificados y enfrentados en un único campo. La política de verdad se ha transformado en una política de guerrillas, en la que la heterogeneidad de las voces invita a ser escuchada y en la que las opciones políticas deben dejar de plantearse las mayorías absolutas y las hegemonías: es la hora de hacer funcionar, de una vez por todas, a los Parlamentos y Congresos que llevan casi cuarenta años ocupados, pero aún no han trabajado como fueron concebidos. Es la hora de parlamentar las decisiones.
VEGUEROS S.M.