sábado, 12 de julio de 2014

EL VOTO DEL CAMBIO.-

Alexis Tejera
Miembro del Colectivo Voces Transversales

El voto del cambio

Los periodos históricos se delimitan por hechos de gran relevancia que hayan supuesto cambios significativos en un ámbito determinado; pues bien, el próximo domingo día 13 el PSOE está llamado a marcar un hito que quedará señalado para siempre en la historia de este partido.
Gracias a la presión de la militancia se ha conseguido que todos/as decidamos quién será nuestro secretario general, emitiendo nuestro voto de manera directa, dando con ello una vuelta de tuerca más a un modelo que ya era representativo a través de nuestro sistema de delegado/as, pero que respondía a realidades pasadas que ya  no encuentran encaje en una sociedad que demanda otro modelo de participación e implicación.
Orgánicamente ha sido una lucha intensa que se ha resuelto en un momento delicado para este partido. Y es que normalmente los cambios vienen precedidos por momentos de gran tensión y auspiciados  por el arrojo de quién se pone al frente y se la juega.
Es sumamente complicado. Los cambios no son fáciles y hay quienes se resisten a ellos: El miedo a lo nuevo, a la apertura y a compartir el poder son las principales razones para anclarse en modelos arcaicos que hacen irrespirable el espacio partidario.
Por suerte, este partido, que puso en marcha el Estado del Bienestar en España, y que nos permite a todos/as poder estar escolarizados y disfrutar de una sanidad sin tener en cuenta nuestro nivel de ingresos, entre otras muchas cosas, quiere volver a ser el partido de todos/as y ha articulado la manera de proceder a recoger esa demanda de la militancia y de la ciudadanía mediante el respeto a nuestros Estatutos.
La apuesta no ha sido sencilla y hay quienes han tenido que dar un paso al frente.
Eduardo Madina está acostumbrado a jugarse la cara y en esta ocasión lo ha vuelto a hacer: "no me presentaré si no votan todos y todas las militantes" por lo que no cabe otra cosa que aplaudirle, así como también habría que hacerlo cuando ha tenido que repetir que respetará el proceso de primarias para la elección del candidato/a a la presidencia de los distintos gobiernos, ante los titubeos de otros compañeros que no parecen asegurarlo.
Veo en él una voluntad real y sincera de liderar esta necesidad.
Aquí y ahora no nos valen las "medias tintas", necesitamos que se cierre el ciclo de este cambio; pero un cambio real y creíble, liderado por nuevos/as socialistas que destierren las prácticas nocivas de este partido y que sean capaces de entender cuál es la realidad que como ciudadanos demandamos.

El domingo día 13, estamos llamados a formar parte de la historia del Socialismo. Sin tu voto, compañero/a, no es posible.
VEGUEROS S.M.

LOS "NO-DEBATES" ELECTORALES.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales

Los “No-Debates” Electorales.
Los debates electorales en España siempre han sido rígidos y año tras año, a pesar de las evidencias, no parece que haya intención de que los partidos quieran arriesgarse a cambiar. Decir esto no es novedad y demostrarlo menos, el verdadero reto es intentar descubrir razones de por qué pasa o por qué debería cambiar.
El origen del problema no está en los medios, es evidente que sería más atractivo un verdadero debate entre los diferentes candidatos y candidatas. Suelen ser los partidos quienes prefieren amarrar un empate a perder por un gol en el último momento. En realidad tiene parte de sentido, la misión de los asesores no es hacer una campaña bonita sino ganar las elecciones, pero si el debate puede ayudar ¿por qué tanto miedo?
Los partidos tienen miedo a un debate abierto, pero ese miedo tampoco es del todo infundado. Principalmente porque se piensa que en un debate se pueden perder unas elecciones pero difícilmente se pueden ganar. Es decir, el electorado sin voto definido no recordará una gran intervención pero si un error. Volviendo al símil deportivo, si marco un gol no significa nada, pero si me lo marcan me desclasifican.
En esto tenemos parte de culpa los y las votantes, ya que se debería valorar más a un candidato que ilusione, que transmita valores y honestidad que a uno que, por no equivocarse, siempre diga lo mismo o no se moje en nada. Ese miedo al error convierte los debates en un anuncio publicitario demasiado largo.
No es que se deba perdonar todo, son esos detalles los que definen realmente a una candidatura, pero también es cierto que es necesario que los y las candidatas salgan con intención de impresionarnos, de motivarnos, interiorizar que para eso hay que asumir riesgos y esos riesgos valen la pena. Aunque sí hay errores que son muy difíciles de justificar, como posturas intransigentes, ser incapaz de salirse del guión, mentir descaradamente…
Otra razón es porque se asume que en muchas ocasiones quienes ven el debate ya tienen su postura decidida, que hay poco voto que ganar pero sí mucho que perder. Supongo que este dato podría contrastarse e incluso puede ser verdad, pero también podríamos preguntarnos ¿quiénes  verían el debate si fuera algo más abierto?
Hay que arriesgar y apostar por debates más abiertos. Si los debates fueran reales seguramente más personas se verían atraídas por prestarles atención. Los que ya los veían saldrían más motivados y darían lugar a análisis posteriores que ayudarían a opinar al resto.  Y posibles mejoras hay muchas, quizá algunas no funcionen y haya que probar otras nuevas u otras tarden en funcionar, pero la democracia necesita riesgos porque lo bueno y lo justo normalmente los exige y nunca vienen regalados.
¿Y cuáles podrían ser algunas de esas mejoras? Quizá una podría ser debates por temáticas. No tiene sentido buscar, en un mundo como el actual, un líder que sepa de todo; yo al menos no creo que exista esa persona que pueda conocerlo todo, ni creo que estamos eligiendo por unas oposiciones al mejor técnico. Nunca me he fiado de alguien que no sea capaz de reconocer en algún momento un “no lo sé”. Estamos eligiendo un líder que pueda mantener unos principios, estar abierto a la ciudadanía y liderar un equipo, es decir, un debate sobre política general y luego otros debates por temáticas que lo complementen. Otras posibles solución es dejar partes del debate más cerradas y otras más abiertas para no pasar directamente a debates demasiado caóticos.  Podrían existir tandas de preguntas cortas o una fase donde cada candidato tuviera que responder a las preguntas del otro en pocas palabras.
También habría que plantearse que no puede haber sólo un debate. Realizando más de un debate seguramente podríamos llegar a ver más profundidad en los planteamientos y sería menos rentable cerrarse en un guión establecido.
Al final los debates se han convertido en un trámite para cumplir en las campañas electorales, únicamente para poder decir “hicimos un debate”. Pero en realidad eso es un “no-debate”, donde cada candidato se limita a hablar de lo que vino a hablar...”yo vine a hablar de mi libro”. Y ya el colmo es cuando se sientan a leernos un discurso y no hacen absolutamente nada por evitar que se les note.
VEGUEROS S.M.

jueves, 3 de julio de 2014

RELEVOS.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del Colectivo Voces Transversales

Relevos 
Parece que la política española vive un proceso de regeneración y renovación empujada, en parte, por los resultados electorales, en parte, por presiones sociales y colectivas, y en parte por presiones de su interior que tampoco entendía cómo se estaba desperdiciando una generación y cómo instituciones con una democracia del siglo XIX pretendían entender y liderar una democracia del siglo XXI.
Para este proceso es necesario un replanteamiento del papel de los partidos políticos en la sociedad, entender que el líder de un partido está ahí para defender las propuestas y el programa de todos/as los/as que trabajan voluntariamente, en el mayor de los casos, para que ellos puedan liderar. Para lograr esto, los partidos deben centrarse en renovar sus estructuras. La ciudadanía puede verse tentada a buscar líderes que les den respuestas a todo, pero el verdadero objetivo sería buscar líderes que sean capaces de convertir a los partidos en estructuras efectivas donde canalizar las soluciones que construyamos entre todas y todos y donde poder defenderlas por medio de sus representantes, cada uno dentro de sus líneas ideológicas  básicas, lógicamente.
¿Y esto cómo se hace? Porque es fácil pedir renovación y difícil aportar ideas. Ahora mismo, la política y la sociedad española están abarrotadas de personas que piden cambios, pero no dan opciones sobre cómo hacerlos. Algunos sí las dan, pero pocas veces se les oye y cuando se asumen sus propuestas, poca gente recuerda quienes las propusieron y se les suele seguir tachando de radicales por defender una postura diferente en cualquier ámbito.
Una de las necesidades más urgentes dentro de los partidos políticos es que exista la bicefalia. La sociedad se ha vuelto un elemento demasiado variable, ágil y complicado como para que una sola persona pueda dirigir un partido y a la misma vez asumir las tareas políticas de encabezar una lista de gobierno.  Habrá que buscar opciones. Puede que sea difícil. Habrá que hacer pruebas y se cometerán errores, pero es un hecho que a largo plazo será inevitable, al menos en la mayoría de los ámbitos. Especialmente ahora cuando la principal labor de un partido sería renovarse.
Por otro lado, estos liderazgos tendrán que tener una amplia capacidad para conseguir acuerdos. Nos esperan años en los que no existirán mayorías absolutas, eso deben asumirlo los partidos y también la ciudadanía que vota, ya que ellos mismos habrán configurado ese panorama. Es decir, si tu gobierno local está compuesto por varios partidos, han sido los y las ciudadanos/as quienes han dibujado un panorama donde pactar es necesario y los partidos representados deberán adaptarse a eso. Todos preferiríamos, quizá, mayorías de nuestra línea ideológica, pero también habrá que respetar el resultado de las urnas. Y eso será duro para unos y otros.
Tampoco basta prometer lo que haga falta para ganar y en este punto, habrá más responsabilidad de la ciudadanía que de los nuevos liderazgos. Me explico, Los nuevos líderes deberán estar más vigilados por nosotros, los ciudadanos, sobre lo que dijeron, lo que dicen, lo que hacen o porqué cambian de parecer. Si un liderazgo carece de credibilidad, da absolutamente igual lo que diga. En ese sentido debemos buscar liderazgos que respeten una coherencia o un razonamiento en sus decisiones, sean de cambio o de permanencia en una postura, y no aquellos que simplemente nos digan aquello que queremos oír.
Seguramente los líderes que están surgiendo ahora mismo, esos que algunos, con ignorancia, trataban de esconder argumentando que aún no era su momento, esos que algunos decían que eran el futuro sin asumir que realmente son el presente, esos serán los que marquen el camino en los próximos años. Estamos presenciando cómo nacen. Seremos testigos y en parte, artífices de quienes sean. Luego podremos quejarnos por habernos equivocado o nos alegraremos de haber acertado, pero seguro que no tendremos excusa si no hemos aprovechado el momento para opinar. Es un buen momento para acercarse a la política el que no lo hubiera hecho hasta ahora, porque todos los partidos, ya existentes o nuevos, de una forma más evidente o de una forma más interna, están en un proceso de renovación que debe ir más allá de la foto del cartel.
VEGUEROS S.M.


miércoles, 2 de julio de 2014

QUIERO VOTAR.-

Ayoze Rodríguez
Miembro del Colectivo Voces Transversales


QUIERO VOTAR

Las pasadas elecciones al Parlamento Europeo fueron la prueba física del descontento social que reina en nuestro entorno. Ganó la abstención porque la ciudadanía quiso que ganara y ganó la desafección política porque algunos tapan sus oídos y no escuchan lo que la gente día a día reclama.
La demanda democrática de los ciudadanos y ciudadanas ha cambiado, la gente no se conforma ya con que sea representativa, quieren y ansían participar de la política, piden un cambio en el sistema, quieren seguir siendo oyentes pero piden ser oradores y aquellos que eliminen las barreras de este camino serán, sin duda, los que ostenten finalmente el calificativo de progresistas y ganen el favor electoral de la mayoría del país. Pero el debate de un cambio hacia una democracia participativa debe ser más profundo, debe de analizarse desde su base, parte a parte, tramo a tramo, y comprenderán mis queridos lectores que yo en unas líneas no pueda exponer lo que sin duda sería toda una tesis doctoral.
Como he dicho en el párrafo anterior, la democracia debe de analizarse desde los cimientos y para mí no hay otras raíces del árbol democrático que aquellas que elevan al máximo la definición teórica del sufragio universal, fomentando en un mundo igualitario el sufragio activo y el pasivo y no permitiendo la limitación del derecho al voto cuando lo ponemos en práctica.  Porque aunque algunos pongáis en duda lo que digo, el sufragio no es tan universal como creemos.
Avances en pro de que todos los ciudadanos y ciudadanas, sean de donde sean, tengan derecho al voto, los hay, no lo pongo en duda. En la Unión Europa unos países más que otros muestran más cercanía entre la definición teórica y la práctica del sufragio universal. Países como Holanda y Dinamarca están muy por encima de otros como Alemania, Francia, Italia, Bélgica o nuestra propia España en la que el derecho al sufragio activo se otorga o no según que proceso electoral se lleve a cabo. Y es aquí donde realmente quiero hacer hincapié, en que no puede haber una exclusión ciudadana de los procesos electorales amparada por la procedencia de un país o de un continente, porque no me puedes permitir votar siendo extranjero en unas elecciones municipales simplemente por un convenio de reciprocidad y negarme ese derecho a causa de que no te hayas puesto de acuerdo con mi país de origen, porque yo resido también en España, porque yo cumplo las leyes al igual que cualquier otro ciudadano o ciudadana natural de este país.
¡Yo quiero votar! y ¡yo quiero tener derecho a votar!, y es ahí donde anida el verdadero sufragio universal, en la plena participación de residentes en un proceso electoral, en hacer de la diversidad de las nacionalidades un ejercicio de integración en la comunidad y otro de igualdad y aprender de ello. Porque sin duda alguna, la base o los principios de una democracia participativa emanan de una plena participación activa de todos y todas los ciudadanos y ciudadanas que habitan en un país, que habitan en este país.
VEGUEROS S.M.