sábado, 12 de julio de 2014

LOS "NO-DEBATES" ELECTORALES.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales

Los “No-Debates” Electorales.
Los debates electorales en España siempre han sido rígidos y año tras año, a pesar de las evidencias, no parece que haya intención de que los partidos quieran arriesgarse a cambiar. Decir esto no es novedad y demostrarlo menos, el verdadero reto es intentar descubrir razones de por qué pasa o por qué debería cambiar.
El origen del problema no está en los medios, es evidente que sería más atractivo un verdadero debate entre los diferentes candidatos y candidatas. Suelen ser los partidos quienes prefieren amarrar un empate a perder por un gol en el último momento. En realidad tiene parte de sentido, la misión de los asesores no es hacer una campaña bonita sino ganar las elecciones, pero si el debate puede ayudar ¿por qué tanto miedo?
Los partidos tienen miedo a un debate abierto, pero ese miedo tampoco es del todo infundado. Principalmente porque se piensa que en un debate se pueden perder unas elecciones pero difícilmente se pueden ganar. Es decir, el electorado sin voto definido no recordará una gran intervención pero si un error. Volviendo al símil deportivo, si marco un gol no significa nada, pero si me lo marcan me desclasifican.
En esto tenemos parte de culpa los y las votantes, ya que se debería valorar más a un candidato que ilusione, que transmita valores y honestidad que a uno que, por no equivocarse, siempre diga lo mismo o no se moje en nada. Ese miedo al error convierte los debates en un anuncio publicitario demasiado largo.
No es que se deba perdonar todo, son esos detalles los que definen realmente a una candidatura, pero también es cierto que es necesario que los y las candidatas salgan con intención de impresionarnos, de motivarnos, interiorizar que para eso hay que asumir riesgos y esos riesgos valen la pena. Aunque sí hay errores que son muy difíciles de justificar, como posturas intransigentes, ser incapaz de salirse del guión, mentir descaradamente…
Otra razón es porque se asume que en muchas ocasiones quienes ven el debate ya tienen su postura decidida, que hay poco voto que ganar pero sí mucho que perder. Supongo que este dato podría contrastarse e incluso puede ser verdad, pero también podríamos preguntarnos ¿quiénes  verían el debate si fuera algo más abierto?
Hay que arriesgar y apostar por debates más abiertos. Si los debates fueran reales seguramente más personas se verían atraídas por prestarles atención. Los que ya los veían saldrían más motivados y darían lugar a análisis posteriores que ayudarían a opinar al resto.  Y posibles mejoras hay muchas, quizá algunas no funcionen y haya que probar otras nuevas u otras tarden en funcionar, pero la democracia necesita riesgos porque lo bueno y lo justo normalmente los exige y nunca vienen regalados.
¿Y cuáles podrían ser algunas de esas mejoras? Quizá una podría ser debates por temáticas. No tiene sentido buscar, en un mundo como el actual, un líder que sepa de todo; yo al menos no creo que exista esa persona que pueda conocerlo todo, ni creo que estamos eligiendo por unas oposiciones al mejor técnico. Nunca me he fiado de alguien que no sea capaz de reconocer en algún momento un “no lo sé”. Estamos eligiendo un líder que pueda mantener unos principios, estar abierto a la ciudadanía y liderar un equipo, es decir, un debate sobre política general y luego otros debates por temáticas que lo complementen. Otras posibles solución es dejar partes del debate más cerradas y otras más abiertas para no pasar directamente a debates demasiado caóticos.  Podrían existir tandas de preguntas cortas o una fase donde cada candidato tuviera que responder a las preguntas del otro en pocas palabras.
También habría que plantearse que no puede haber sólo un debate. Realizando más de un debate seguramente podríamos llegar a ver más profundidad en los planteamientos y sería menos rentable cerrarse en un guión establecido.
Al final los debates se han convertido en un trámite para cumplir en las campañas electorales, únicamente para poder decir “hicimos un debate”. Pero en realidad eso es un “no-debate”, donde cada candidato se limita a hablar de lo que vino a hablar...”yo vine a hablar de mi libro”. Y ya el colmo es cuando se sientan a leernos un discurso y no hacen absolutamente nada por evitar que se les note.
VEGUEROS S.M.