viernes, 20 de marzo de 2015

LAS ENCUESTAS NO SOLO INFORMAN, INFLUYEN.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del colectivo Voces Transversales


Las encuestas no sólo informan, influyen 

Diferentes encuestas electorales, en diferentes medios y con diferentes resultados. Algunas pueden estar cocinadas o influenciadas, ser más o menos meticulosas o científicas, pero independientemente de esto hay que tener en cuenta que tienen un efecto sobre los votantes.
Cada vez que sale a los medios una encuesta con un resultado electoral todos hacemos nuestro propio análisis, pero no sólo para comentar durante el café, como si fueran los resultados deportivos del fin de semana, sino por tratar de comprender hacia dónde vamos. Casi como un horóscopo político, auguramos posibles gobiernos, pactos, resultados y medidas, pero esos datos deciden votos. En muchos casos una encuesta acertada puede provocar justamente que fracase su predicción. Con sólo aparecer en un medio el resultado predicho puede cambiar automáticamente la intención de muchos votantes.
Primero habría que valorar los efectos vagón de cola y apoyo al ganador. Muchas personas cambian su voto por las posibilidades de mitigar una derrota o por asegurar una victoria, pero además está el voto del miedo a un resultado o a un posible pacto. Muchas personas que no pensaban ir a votar, al ver un posible futuro en una encuesta deciden acudir a las urnas o viceversa 
Pero además de causar estos efectos por sí mismas, las encuestas son utilizadas como herramienta para aumentarlos, para propagar el miedo frente a un resultado o para motivar a un electorado desmotivado.  Algunos las exageran intencionadamente para vender éxitos inalcanzables e irreales o para predecir Apocalipsis. Cierto es que están para analizarlas y poder opinar, pero cuando se tergiversan o se cocinan rozan la estafa.
Y además de la influencia que tienen por sí solas, con nuestros debates y por las manipulaciones de los directamente interesados, están las interpretaciones que pueden hacer algunos medios para atraer la atención del público. Al final, entre todos se logra que las encuestas influyan casi más que los programas electorales a la hora de votar. En estos momentos tenemos dos grandes ejemplos, por nombrar sólo dos, de análisis de vaticinios de encuestas que marcarán el voto o el deseo de ir a votar de mucha gente.
Algunos medios interesados exageran los resultados de Podemos con el fin de movilizar mucho voto del Partido Popular que se quedaría en casa ante los incumplimientos de las promesas electorales del mismo y que ahora, por frenar a Podemos sí irá a votar.
La otra jugada insistente es asegurar mediante cálculo matemático de un resultado futuro, que la única opción es un pacto del Partido Socialista y el Partido Popular. Jugada que logra desmotivar mucho del voto socialista que en gran parte no aceptaría, ni perdonaría, semejante opción a nivel nacional.
Aún así todos podemos hacer nuestros análisis, es más hay que hacerlos y yo haré el mío. Uno fácil y con el que difícilmente alguien discrepe: Con encuestas o sin ellas, las próximas elecciones locales darán como resultado que, en la gran mayoría de administraciones, se necesitará de pactos y coaliciones para poder gobernar. Un panorama donde nuestros votos, influidos o no por la encuestas, serán vitales.
El verdadero error y el más grave, es creerlas infalibles y absolutas, desde aquel que organiza una campaña a golpe de encuesta, sin mirar a la sociedad hasta aquel que da por hecho un resultado. El problema es el mismo, creer ciegamente sin aceptar que hay que tener en cuenta muchas cosas. Primero, que las encuestas son una foto fija de una realidad cambiante e influenciable. Segundo, que por muy profesional que se sea siempre hay margen de error. Tercero, que a la gente aún le cuesta dar respuestas a preguntas ideológicas a la hora de ser encuestados/as. Cuarto, que siempre hay un factor humano en quien las realiza, por muy independiente que quiera ser. Quinto, que todo dato es interpretable y eso es especialmente llamativo en la valoración de los candidatos. Y por último, que finalmente, el resultado lo hacemos nosotros y nosotras en el mismo instante de introducir nuestra papeleta con la decisión final que hayamos tomado y no una muestra representativa tomada antes de votar. En definitiva, quizá, todos deberíamos preocuparnos menos de interpretar los signos, augurios y señales de posibles gobiernos, y más de hacer esfuerzos en comprender otros números, como, por ejemplo, los de la participación y procurar que siempre fuera el ochenta o el noventa por ciento de los posibles votantes quienes ejercieran su derecho y no que al final, un sesenta por ciento o menos decida qué gobiernos tenemos o analizar porqué cerca de un cuarenta por ciento de la población, cuando llega el verdadero momento de opinar, la fecha de decidir, la hora de votar, no sabe, no contesta.
VEGUEROS S.M.

AMORDAZADOS E IGNORADOS.-

Salvador Suárez Martín
Miembro del Colectivo Voces Transversales
Amordazados e ignorados

Cualquier ley debería buscar el consenso del mayor número de sensibilidades posibles, pero más aún cuando define las normas de participación en democracia, son las reglas básicas que luego nos permiten desarrollar el resto, son nuestras normas de juego y el Partido Popular ha demostrado con su ley mordaza que no sólo es incapaz de lograrlo sino que le importa poco hacerlo.

Podríamos decir que es una medida conservadora, de derechas, pero es más, es una medida contra la participación, que debilita nuestra democracia, que limita la libertad de expresión de todos los ciudadanos y ciudadanas, no sólo de aquellos que no están de acuerdo ahora mismo con el Partido Popular sino también contra aquellos que aún estando conformes hoy en día no lo estén mañana. No estoy de acuerdo con las ideas y planteamientos de las manifestaciones de aquellos que quieren limitar el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo pero si a que dispongan de los canales suficientes para manifestar su opinión si lo creen necesario, en cambio el Partido Popular hace una ley que nos limita a todos, tengamos las ideas que tengamos ¿Qué deberían pensar sus votantes? Pues tampoco debería gustarles, porque esta ley va más allá de ideología o de forma de cómo hacer las cosas, va directamente a limitar el derecho de opinión de los ciudadanos, va directamente a limitar nuestra capacidad de queja y fiscalización de la labor de los políticos, si en muchos momentos pensamos que los que dirigen un gobierno no son concientes de lo que pasa o queremos ¿qué pasará ahora que se limita aún más nuestras posibilidades de dejar claro nuestro disgusto?
No es que les preocupe que buena parte del país no les guste lo que están haciendo, es simplemente que no desean oír quejas, ni de lo que están haciendo ni de lo que puedan hacer,…Ya sea de los que no comparten sus ideas, de los que aún compartiéndolas no están conformes con su gestión, o de los que puedan quejarse mañana. En lugar de buscar mejorar los canales para hacer lo que necesitamos su preocupación es apartarnos para poder seguir su camino, un camino de recortes.
En un momento donde la mayoría de la ciudadanía tiene la sensación de que necesitamos una participación más directa, donde se les escucha poco se aprueba una ley que agranda aún más la brecha que en España existe entre la participación tenemos y la que necesitamos, es como tirar gasolina al fuego, quizá difícil encontrar otra explicación que no sea una visión muy corta o porque lo que se busque que la gente se enfade tanto que participe menos, incluso parece una provocación.
También podría mirarse por otro lado, las multas pueden convertirse en una forma de mercantilizar nuestro derecho a protestar y quejarnos de lo que no compartimos, quien pueda pagar la multa puede quejarse, el resto a quejarse en casa.

Quien se preocupa por otra persona quiere oír como se siente, saber que le preocupa y la nueva Ley de Seguridad ciudadana del Partido Popular deja claro una cosa no le preocupa la ciudadanía, ningún ciudadano o ciudadana.
VEGUEROS S.M.